Leyendas

Don Roldán y las dos princesas

20/11/2022
Redacción
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Cuando los moros arrasaron España, los gallegos fuimos los únicos que nos mantuvimos, en parte, libres de ellos gracias a que peleamos reciamente. Habí­a veces que los moros se metí­an en algunos rincones de nuestra tierra; pero rápidamente eran echados nuevamente de ella y también de las tierras vecinas como Asturias y León.

Pero los moros eran muchos y muy potentes y los nuestros pocos, por lo que después de muchos años de luchas , que unas veces iban a su favor y otras al nuestro, reinando Alfonso II , que tení­a la corte en Asturias, acordaron pedir ayuda a otro gran rey de mucho renombre que habí­a en Francia.

Este rey se llamaba Carlomagno y vino a ayudar a los españoles y traí­a con él muchos guerreros comandados por unos jefes que dicen que eran los doce Pares de Francia, que no habí­a quien pudiera con ellos. Todos vení­an a luchar contra los moros.

Los moros, cuando vieron venir a tanta gente encima de ellos, tuvieron miedo y retrocedieron; más de la rabia que llevaban, comenzaron a echar mano de cuanto podí­an, sorprendiendo algunas villas y castillos sobre los que cayeron como una tormenta quemándolo todo, arramblaron con algunos condes que se llevaron prisioneros y hasta se dice que cogieron tres princesas, para que les sirvieran de rehenes en su defensa.

El gran ejército que se formó , se extendió por Navarra y Aragón; por Asturias y Castilla. A Galicia vinieron pocos franceses porque los gallegos nos bastábamos nosotros mismos; pero un grupo de aquellos franceses que llegó hasta Galicia vení­a comandado por don Roldán, que era uno de los más valientes de los doce Pares. Los moros fueron retrocediendo hasta llegar a Valdeorras; pasaron el rí­o Sil en barcas y pontones que después quemaron, y se afincaron en la otra orilla, por las montañas, cuidándose muy bien de hacerse fuertes, pues el terreno invitaba a ello y el rí­o era difí­cil de cruzar.

Pero como don Roldán supo que los moros tení­an presas a aquellas princesas, quiso liberarlas. Temiendo que los mahometanos se las llevaran a un castillo, en la cumbre de un monte, en un lugar que llaman el Castro intentó cruzar el rí­o con algunos caballeros arriesgados y sin miedo; pero las aguas eran muy turbulentas y profundas, por lo que tuvieron que volver a tierra con la pérdida de algunos que la corriente arrastró y que se ahogaron.

Entonces don Roldán obró lo que parece ser un milagro, ya que lo que hizo no lo podrí­a haber hecho nadie. Fue con su caballo por la ribera del rí­o, buscó el lugar más apropiado para cruzarlo frente al castillo, picó espuelas a su caballo que dio un salto enorme y el caballo fue a quedar al otro lado del rí­o justo frente al castillo. Los moros, cuando vieron tal acción, tuvieron miedo y escaparon. Pero era imposible llevarse con ellos a los prisioneros y mucho menos a las doncellas princesas, por lo que los magos de los moros, para vengarse, decidieron convertir a las princesas en piedras. Y allí­ están aún los tres cuarzos blancos clavados en el suelo, como si mirasen con nostalgia hacia su tierra. ¿Quién podrá desencantarlas?”

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