El Camino de Santiago – Orígenes

El Camino de Santiago y la metáfora del camino son,  posiblemente, dos de las más antiguas referencias a la necesidad del ser humano de encontrar una finalidad que, en cierto modo, dé sentido a su existencia.

El poeta y novelista austríaco Rainer María Rilke, escribía: «El hombre es un ser desplazado, apátrida, sin refugio que ni siquiera tiene posada en el tiempo, un ser que se mueve continuamente en la búsqueda de su destino» y es que, en realidad, todos y todas somos caminantes en el tiempo, viajeros que se desplazan inexorablemente hacia un final. La meta será diferente en cada caso, aunque muchas personas compartirán etapas de ese camino en la búsqueda de referentes, siguiendo el paradigma dictado por los ancestros o simplemente explorando nuevas vías de realización. «Todos somos romeros y en la vida andamos», que diría Gonzalo de Berceo.

Santiago de Compostela, y los caminos que hasta él conducen, son el mejor ejemplo de esta realidad y, al mismo tiempo, el más grande milagro de Santiago el Mayor, una ciudad que surgió y creció alrededor de la fe, convirtiéndose en  el eje vertebrador de la edad media hispana, y en uno de los pilares de la Reconquista. Santiago es el corazón que bombea la savia peregrina milenaria a cuyo paso florecieron un arte singular, villas, templos, y gentes en extraordinaria amalgama.

Indicador - Camino de Santiago

«Europa se hizo peregrinando a Compostela», frase generalmente atribuida a Goethe, pone de manifiesto, en cualquier caso, la importancia de Santiago y al mismo tiempo del peregrino.

El Camino de Santiago: Orígenes

Los primeros documentos en los que se hace referencia a la presunta participación de Santiago en la evangelización de España son muy tardíos, lo que arroja dudas más que razonables acerca de su credibilidad. El primero de ellos, es la traducción latina del Breviarium Apostolorum, de finales del siglo VI que, basándose en fuentes bizantinas, hace referencia a un supuesto reparto de las tierras conocidas entre los discípulos para llevar a cabo su misión evangelizadora tras la muerte de Jesús. Hispania quedaba, según el texto, asignada a Santiago:«Hic [Iacobus] Spaniae et occidentalibus locis praedica»
El mismo texto narra también su enterramiento en Achaia Marmárica, enigmático topónimo sobre cuya localización se dieron numerosas interpretaciones, siendo las más extendida la que hace referencia a la Marmárica, región desierta que se situaba entre el delta del Nilo y la actual Libia.

El tratado «De orto et obitu Patrum» atribuido, con muchas reservas para algunos autores, a San Isidoro de Sevilla recoge la labor predicadora de Santiago en la Península y otras regiones de Occidente. No obstante cabe recordar que la primitiva iglesia hispana nunca tuvo conciencia de carácter apostólico, de hecho Santiago no era uno de los apóstoles más considerados por estos lares. En todo caso, la autoridad de San Isidoro, va a respaldar las afirmaciones del Breviarium, incrementando y prestigiando su proceso de difusión.

La influencia astur

Será en las montañas del primitivo reino astur donde se afiance y consolide la creencia a través de los textos del Beato de Liébana, quien en el siglo VII – sobre todo con la su obra Comentaria ad Apocalypsim -, se convierte en el principal difusor de la idea de la introducción del cristianismo en España por parte de Santiago. Su trabajo, que logró gran difusión, incluye uno de los primeros mapamundis conocidos, con la intención de mostrar con claridad cada uno de los lugares donde predicaron los apóstoles.

Concha de Vieira - Camino de Santiago

En la misma época el erudito monje inglés Beda el Venerable (673-735), autor de la monumental Historia Ecclesiastica Gentis Anglorum no sólo apoya la idea del Beato de Liébana sino que constata y transmite al Occidente cristiano que Santiago estaba enterrado en las tierras occidentales de la Península. Las obras en las que incluye Beda estas dos citas, de enorme valor para documentar y dar sentido a la tradición jacobea, son la Homilía XCII sobre San Juan Evangelista y el Martirologio que lleva su nombre. En la primera señala: «Este [San Juan Evangelista] es hermano del bendecido Santiago, cuyo cuerpo descansa en Hispania»

Esta es una condición que, interesada o desinteresadamente, adoptarán con celeridad las élites políticas y religiosas del pequeño reino.  Marcado por la fe y el oportunismo, este escenario servirá de caldo de cultivo de lo que está por venir.